Vuelta a España en dos motos Suzuki Van Van: Así lo hicimos en una semana

Vuelta a España en Suzuki Van Van

La gran mayoría de los que leéis éstas líneas sabréis que un viaje comienza en el momento que se le pone fecha de inicio, y con ésta aventura no iba a ser menos. Pero antes de ponerle fecha, habíamos quedado varias veces para ir dando forma poco a poco a esta aventura.

Todo comenzó cuando David Gavina llegó de su viaje por Asia. Concretamente había llegado hasta China en un viaje de 21.000km realizado en tan solo 24 días y, puesto que ya conocía sus intenciones de hacer algún viaje con una moto de pequeña cilindrada, le propuse hacer una escapa de fin de semana con 2 Suzuki Van Van de 125cc. Como no podía ser de otra manera, me rebatió diciendo que, si lo hacíamos, lo haríamos a lo grande: “¡Vamos a dar la vuelta a España!, dijo, y nos pusimos manos a la obra.

Paso por Barcelona y el grupo Van Van

Vuelta a España en Suzuki Van VanComo he dicho al principio, el verdadero comienzo fue cuando pusimos la fecha de salida: domingo 30 de Septiembre de 2018. Tras varias reuniones para concretar el equipaje que llevaríamos cada uno y el itinerario -que sería lo mas cerca de la costa en la medida de lo posible o acercándonos lo máximo a las fronteras con Francia y Portugal-, fueron pasando los días y cada vez estaba más cerca el día de nuestra salida. Casualmente, el mismo día 30 de Septiembre se celebraba la Distinguished Gentleman Ride, una concentración de motos “con aire retro” que se celebra simultáneamente en muchas ciudades de varios países en todo el mundo, con el fin de recaudar fondos para la investigación del cáncer de próstata. Por eso, decidimos comenzar nuestro viaje el sábado 29 por la tarde para poder estar en Barcelona el domingo por la mañana y, así, colaborar con esta causa. Fuimos de los primeros en llegar y tuvimos la suerte de recibir la pegatina y la chapa conmemorativa del evento. aunque la verdadera sorpresa fue coincidir con el grupo de Suzuki Van Van que también acudió al evento y en el que. por fin, conocíamos personalmente a varios miembros con los que habíamos interactuado en repetidas ocasiones a través de las redes sociales.

Después del buen rato que pasamos en la concentración, David y yo nos fuimos a dar un paseo por Barcelona y visitar los sitios más típicos y míticos de la ciudad condal, como la estatua a Cristobal Colón, el Van Van Var y el Paddock Motard Bar, donde comimos junto con un montón de amigos que vinieron a pasar un buen rato con nosotros (incluso se animaron a hacer unos kilómetros con nosotros).

Primeras lluvias y llegada a Cap de Creus

Debido a una incidencia con la batería de mi moto, tuvimos un retraso de 2 horas al continuar nuestro viaje, pero no estábamos dispuestos a tirar la toalla a la primera de cambio. Continuamos haciendo kilómetros e intentando cumplir el reto de dar la vuelta a España con dos Suzuki Van Van 125 en solo una semana. Ya en la provincia de Girona, mientras hacíamos una preciosa carretera de curvas, comenzó a llover de forma inesperada y muy abundante, lo que nos obligó a parar para ponernos los impermeables. Desde el inicio teníamos previsto llegar a Cap de Creus, en Cadaqués y haríamos todo lo posible para recuperar las 2 horas “perdidas” en Barcelona. Así fue, sobre las 22.30 horas del domingo 30 de septiembre llegábamos a Cap de Creus por una carretera muy divertida, aunque con mucha cautela por la poca visibilidad.

Paso por los Pirineos

Vuelta a España en Suzuki Van VanEs una lástima que llegáramos de noche, porque no pudimos apreciar las bonitas vistas que se ven desde lo alto de su mirador. Tampoco podíamos esperar hasta el amanecer para disfrutar de ellas, por lo que nos pusimos en marcha nuevamente llegando a dormir a Figueres con la intención de arañar unos cuantos kilómetros para la etapa del día siguiente. Siendo ya lunes por la mañana, nos tomamos un café en cuanto nos levantamos y, antes de las 7:00, ya estábamos encima de la moto otra vez, pero con muchas ganas de afrontar la etapa de éste lunes 1 de octubre: unir el mar Mediterráneo con el mar Cantábrico, en un solo día, por la carretera N-260, Eje Pirenáico, y con la ilusión de llegar a Rentería, a casa de mi buen amigo Pablo Alemany, almanseño de nacimiento pero afincado en Rentería desde hace algunos años.  Pablo nos ofreció pasar la noche allí. Por supuesto, ni podía, ni quería rechazar esa oferta. La ruta empezó con normalidad y, según nos adentrábamos en los Pirineos, la temperatura descendía notablemente, algo normal en ésta época del año y a esas altitudes. Pasamos por el puerto de Toses (1790m), El Cantó (1720.8m) y el de la Creu de Perves (1335m) entre otros, a ritmo de Van Van, lo que los hizo todavía mas espectaculares.

Siguiendo por la misma carretera llegamos a Ainsa, donde nos esperaba Tomás Serra, otro «Vanvanero» que vive por la zona. Tomás no dudó en hacer unos cuantos kilómetros para tomarse un café con nosotros. Fue un placer conocerlo porque además de que regenta un hotel motero en el pirineo oscense -al que nos invitó muy amablemente- también nos invitó a ese café que nos supo a gloria, después del frío que habíamos pasado a primeras horas de la mañana. Foto de rigor con Tomás, y seguimos nuestra ruta sin demorarnos demasiado. Pero claro, seguíamos circulando por la carretera N-260 y ¿cómo no parar en Jánovas? Jánovas es un pueblo que se expropió en su totalidad hace mas de 40 años, supuestamente, para hacer una presa -que nunca se construyó-. Actualmente, los propietarios de las viviendas las han reclamado legalmente y las están reconstruyendo, pero lo más característico de éste pueblo es su puente colgante, con traviesas de madera -algunas sueltas y otras ya no están por el paso del tiempo-. Con todo, había que cruzarlo porque era el único sitio por el que se podía acceder al pueblo. Con la reconstrucción del pueblo, construyeron otro puente para que la maquinaria pesada pudiera acceder.

Después de nuestra corta visita a Jánovas, continuamos con dirección a Jaca para, desde allí, seguir dirección Pamplona, Irún y, finalmente, Rentería. La tarde se caracterizó por el fuerte viento que soplaba lateralmente y que hizo la conducción algo más incómoda, pero cada vez estábamos más cerca de nuestro final de etapa -cada vez quedaba menos para ver, después de mucho tiempo, a mi buen amigo Pablo-. Acudimos directamente a la puerta de su casa y, mientras descargábamos las motos, apareció con su interminable sonrisa. ¡Que alegría! Nos alojamos en su casa, una ducha rápida y a tomar unas cañas al bar Mayte, justo debajo de la casa. A la mañana siguiente, Pablo nos había preparado un desayuno digno de un gran deportista para afrontar la siguiente etapa. Nos comimos las tostadas y, después de hacernos la foto de rigor con él, pusimos rumbo a Asturias sin saber muy bien cual sería nuestro final de etapa.

Paso obligado por Touratech Bilbao y la llamada de Elsi Rider

Vuelta a España en Suzuki Van VanYa que teníamos que pasar por Bilbao, también paramos a saludar a Joseba, buen amigo y propietario de la tienda Motoaccesories Adventure – Touratech Bilbao, con el que tuvimos el placer de tomar un café mientras charlábamos un rato.

Y ya que nos “habíamos entretenido tanto” en Bilbao, seguimos nuestra ruta sin descanso -ni siquiera paramos a comer; solo repostar y continuar-. Disfrutamos de las maravillosas vistas que nos ofrecía la carretera N-634 que, en su mayoría, va junto a la costa del mar Cantábrico -no deja de sorprenderme cada vez que me acerco a sus costas-. Acantilados y playas de ensueño quedaban a nuestra derecha mientras devorábamos kilómetros a ritmo de Van Van. A eso de las 15:00, recibo una llamada de teléfono: Era la gran viajera y mejor persona Elsi Rider. Me decía que nos esperaban a cenar a nuestro paso por Gijón, otra parada obligatoria que ni queríamos ni debíamos saltarnos. Como buena conocedora de esa “tierruca”, nos recomendó visitar La Cuevona, un lugar bastante escondido que, seguro, no nos iba a decepcionar. Antes de llegar, teníamos parada obligatoria en la playa de Gulpiyuri, “la playa sin horizonte”, que David no conocía. Es un lugar digno de admirar. La peculiaridad de esta playa es que la fuerza del mar ha ido perforando la roca hasta que, con el paso del tiempo, se ha llegado a formar con un aspecto pintoresco.

Siguiendo los consejos de Elsi, llegamos hasta Ribadesella y tras un buen rato de curvas por una calzada donde apenas cabía un coche y perdernos en diversas ocasiones, nos encontramos cara a cara con La Cuevona, una maravillosa cueva iluminada por la que se puede circular con tu moto, ¡maravillosa! Visita que mereció mucho la pena a pesar del “tiempo perdido” hasta que finalmente conseguimos llegar y desde luego, no había sido una pérdida de tiempo, era más bonita de lo que había imaginado.

Unas cuantas fotos dentro y fuera de La Cuevona y… carretera otra vez. Esta vez hasta Gijón, donde nos esperaban Elsi y Berto para cenar y compartir una tertulia maravillosa. ¿Sabéis de qué hablamos? Pues sí… Es más que evidente, ¿verdad? ¡Nos pasamos todo el tiempo hablando de viajes en moto! Son 2 personas encantadoras con las que las horas pasan volando y nunca quieres que llegue el momento de la despedida. Pero en esta vida todo tiene principio y final, así que nos dimos un fuerte abrazo, nos hicimos la foto de rigor… y la promesa de que vendrán a Alicante para comernos un arroz. Nos despedimos de ellos y nosotros continuamos hasta Avilés, donde habíamos fijado el final de etapa.

Galicia

Vuelta a España en Suzuki Van VanMiércoles 3 de octubre, Galicia nos espera. Ésta era una etapa que esperaba con muchas ganas, ya que nunca había tenido la oportunidad de circular en moto por las carreteras de Galicia. Pero el momento que mas esperaba era la llegada a Loiba (Lugo), al banco con las vistas mas bonitas del mundo. Verdaderamente fue así. Es un sitio mágico, totalmente recomendable a todo el mundo y, si es posible, sentarse para hacer un descanso de 10 minutos y no pensar en nada, simplemente observar.

Con las pilas cargadas tras admirar la belleza proporcionada por las tierras gallegas desde el banco de Loiba, pusimos rumbo a Finisterre, otro de los puntos de paso obligatorios. Según los pensamientos de los romanos, éste era el punto más al oeste de la Tierra, es decir, el mundo se acababa ahí (“finis terrae”, en gallego: Fisterra). Llegar al cabo de Finisterre te aporta una sensación de satisfacción plena. Aunque hemos llegado al punto donde se supone que el mundo se acaba -aunque afortunadamente no es así- el mundo sigue y nuestro viaje también. Por tanto, pusimos las pegatinas para verificar nuestro paso por ahí, nos hicimos la foto de rigor y volvimos a la carretera.

Rumbo a Andalucía con parada en Badajoz

Cuando nos marchábamos de Finisisterre, el reloj marcaba las 17:30 horas aproximadamente y todavía nos quedaban mas de 300 kilómetros y casi 6 horas de conducción para llegar al final de la etapa: Verín, ya en la provincia de Ourense. Esta etapa fue bastante dura debido a las altas temperaturas que tuvimos prácticamente todo el día. Cuando amanecimos en Avilés, el día pintaba frío y hasta la mitad de la mañana tuvimos que llevar los guantes de invierno; por otro lado, el resto del día fue muy caluroso hasta que anocheció y las temperaturas descendieron, haciendo la conducción mucho mas agradable. Cena, ducha y a dormir; al día siguiente nos esperaba una etapa no tan divertida: Dejar la costa y entrar en las llanuras extremeñas.

6:50 horas del jueves 4 de octubre. El termómetro apenas superaba los 0 grados y ya estábamos en marcha por la N-631, buscando la ZA-305 que posteriormente se convertiría en SA-305, con rumbo a Mérida, donde nos esperaba mi amigo Ayuso, guardia civil de tráfico que esa semana estaría en la Escuela de Tráfico de la Guardia Civil. Muy gustosamente nos enseñó las instalaciones, previo permiso al mando correspondiente, ¡claro!

Después de tomar un café con Ayuso en la cantina de la Escuela de Tráfico de la Guardia Civil, seguimos nuestra ruta, que supuestamente terminaba en Zafra, Badajoz, donde visitaríamos a los amigos de Dontyre. Ellos quisieron ayudarnos con este viaje proporcionándonos un juego de ruedas Bridgestone para cada moto. Por cierto, ¡van genial! Tuvimos ocasión de probarlas en asfalto seco, en mojado, por tierra y por arena, y se comportan estupendamente. Cuando llegamos a las oficinas de Dontyre, nos hicimos unas fotos en la puerta para hacer la correspondiente publicación en redes sociales, agradeciendo su colaboración.

Huelva, El Rocío y rodar en arena

Hacía buen día y nos encontrábamos con fuerzas y muchas ganas de seguir, por lo que David miró un alojamiento en Ayamonte, Huelva.  Sin pensarlo dos veces, nos pusimos el casco y tomamos la N-433. Nos quedaban unos 250 kilómetros y mas de 3 horas de viaje para llegar a una hora prudente para cenar. Parece mentira, pero a las 23:30 estábamos cenando en un bar de comida turca en el puerto de Ayamonte en manga corta. Hacía una temperatura idónea que invitaba a quedarse de tertulia en la terraza, pero no era posible, porque al día siguiente nos esperaban otros 600 kilómetros y 10 horas de conducción.

Siendo ya viernes 5 de Octubre, y como era habitual en este viaje, a las 6:00 sonaba el despertador, nos aseábamos, tomábamos un café y, rápidamente, subíamos a la moto. Nos esperaba toda la costa onubense hasta llegar a Mazagón para tomar dirección a la aldea de El Rocío, primera parada de ésta etapa que, personalmente, me apetecía mucho. Me apetecía, sobre todo, por el hecho de poder rodar con nuestras Van Van por arena.

Divisamos Marruecos en el horizonte y hasta Málaga por el Mediterráneo

Hicimos una visita muy rápida al santuario y continuamos con dirección a Sevilla para, sin detenernos, seguir hasta Tarifa sin demora alguna. Los vientos de esta zona de España estaban dificultando la conducción, especialmente, cuando teníamos que afrontar una subida. Pero todo esfuerzo tiene su recompensa. Ahí estábamos, en el mirador de Tarifa, disfrutando de las vistas. Aunque el día no estaba despejado totalmente, se podía ver el continente africano perfectamente. Teníamos Marruecos a unos escasos ocho kilómetros.

San Pedro de Alcántara, Málaga, era nuestro destino para este día. Mientras el mar Mediterráneo nos acompañaba, seguíamos conduciendo hasta dejar atrás la provincia de Cádiz y entrar en Málaga. Vemos a Manuel y a Fernando, dos auténticos cracks que, como otros muchos a lo largo de éste viaje, quisieron tomar algo con nosotros a nuestro paso por su ciudad. Aunque estábamos muy cerca de Marbella, donde ellos residen, no tuvieron inconveniente en venir hasta San Pedro de Alcántara para tomarse unas cervezas con nosotros mientras hablábamos de motos, de viajes en moto y de todo lo relacionado con las motos.¿Cómo no?

Dado que al día siguiente teníamos que pasar por Marbella, y tras la llamada del tío de mi mujer diciéndonos que un buen amigo suyo tenía 2 churrerías en Marbella y que nos invitaban a desayunar, quedamos con Manuel y Fernando para comernos unos churros magníficos. Podría decir que son los mejores churros que he comido en mi vida: largos, esponjosos y nada aceitosos ¡Estaban buenísimos! Por cierto, Churrería “Generalife”. Os la recomiendo.

Almería y vuelta a casa

Vuelta a España en Suzuki Van VanUna vez que habíamos cargado las pilas para el resto del día con unos cuantos churros y un buen vaso de chocolate, proseguimos con nuestra marcha junto con Manuel y Fernando, que quisieron acompañaron unos kilómetros, tal y como habían hecho otros moteros a lo largo de nuestro viaje. Dejando atrás la provincia de Málaga y entrando en Almería, nuestra siguiente parada era el faro del  Cabo de Gata, un lugar mágico para mi, ya que fue el destino del primer viaje que hice en moto con mi mujer cuando éramos novios. Hace muchos años…

El final de esta etapa llegaba, y apenas eran las 15:00 horas del sábado 6 de octubre. Todos los días habíamos arañado unos kilómetros a nuestro planteamiento inicial para llegar a casa cuanto antes, a ser posible, en menos de una semana. No lo hicimos, al final. Javier y Marta, unos amigos de David, habían ido hasta Albaricoques, en Almería, a esperarnos. Había reservado alojamiento, por lo que nos quedamos allí toda la tarde con ellos. Luego fuimos a cenar a la Isleta del Moro, al restaurante La Ola, otro sitio recomendable para cenar. Lástima que no pudiéramos ver las maravillosas vistas que tiene el restaurante, pero eso nos invita a volver otro día con luz solar y disfrutar de las vistas y, de la gastronomía.

Después de la cena, volvimos al alojamiento que teníamos en Albaricoques para pasar allí la última noche de esta aventura, lo que nos dejaba un sabor agridulce. Por una parte, el viaje iba tocando su fin; por otra, las ganas de ver a nuestras familias crecían desde el momento del inicio del viaje, y ya nos quedaba muy poco, apenas unos 400 kilómetros para llegar a casa. Haríamos esos kilómetros con la satisfacción de haber completado nuestro viaje, incluso, en menos tiempo del que habíamos pensado.

Siguiendo con la tónica de éste viaje, a las 6:00h sonaba el despertador. Nos vestimos, desayunamos y nos subimos a las motos. Llegaba la última etapa que superamos sin ningún inconveniente. Haré una mención especial a las vistas que nos ofrecía la carretera mientras seguíamos bordeando España, sin perder de vista nuestro mar Mediterráneo. La primera parada que hicimos, nada más llegar a Alicante, fue en el complejo desde donde se da inicio a la vuelta al mundo a vela: la Volvo Ocean Race. Sólo distaban 2,5 kilómetros para concluir ésta aventura. Tanto la familia de David como la mia, además de unos cuantos amigos, estaban esperándonos en el “bar de debajo de casa” donde, después de saludarnos todos, comimos juntos mientras les contábamos nuestro viaje.

Amenazamos con volver a contaros otra locura sobre ruedas. Durante la primera etapa de este viaje, decidimos cual sería nuestra próxima aventura. Pero por ahora no diremos nada…

Texto: Jose Cuenca
Fotos: Jose Cuenca y David Gavina